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No quiero estar como en casa

He escuchado muchas veces la expresión: “en este hotel he estado como en casa”. Quien la dice lo hace como una alabanza a ese lugar en el que se ha sentido a gusto y en el que le han tratado de forma cercana.

Pero si yo fuese el propietario de alguno de esos hoteles no estaría contento, pienso que no es eso lo que debe ofrecer un alojamiento. Este debe ir más allá y darnos algo que no podamos tener en su vida cotidiana.

Cuando busco un hotel trato de encontrar uno en el que pueda compartir experiencias y aprendizajes que no podría tener en otro sitio.

Algunos han conseguido emocionarme y recordaré para siempre, cómo cuando observé aves rapaces en la inmensidad del campo extremeño, la cena junto a la chimenea en un pueblecito del sur de Francia, un baño con espuma en una masía milenaria rodeada de bosques, una ensalada con 16 variedades de tomates, sentirme un caballero templario o pasear entre ovejas y misteriosas construcciones.

Para los hoteleros no es fácil crear estas emociones y pienso que la única forma en la que lo consiguen es creando el sitio a donde les gustaría viajar y convertirlo en su hogar.

Es lograr que sea sencillo y que te transmita algo al mismo tiempo, es compartir con las personas que te visitan tu estilo de vida y hacer que se enamoren de el (aunque sea por unos días), es conseguir conectar con ellos de una forma genuina y hacer que cuando viajen nunca más quieran volver a sentirse “como en casa”.

Y a ti, ¿cuáles han sido esos lugares que han conseguido emocionarte?

¿Qué dicen mis paisanos?


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