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¿Cansado después de las vacaciones?

Hace unos años cuando viajaba lo hacía como si tuviese que conocer TODO lo que el destino tenía para ofrecerme. Visitar los monumentos, conocer todos los barrios, probar los restaurantes y bares que recomendaban, ver las mejores vistas y llevarme algún recuerdo, pero en realidad lo que estaba haciendo era ver el monumento, pasear (a la carrera) por los barrios, buscar los restaurantes sin apenas disfrutarlos, llegar agotado a la cima para sacar una foto y comprar algún suvenir.

Al final del viaje estaba cansado, pero satisfecho por haber “tachado” tantos lugares de la lista. No sabía nada de la historia del lugar, no había entablado una conversación con alguien de allí y la mayoría de los sitios que visitaba estaban llenos de turistas, no importaba, ese destino ya estaba “tachado”.

Esto se hizo especialmente intenso cuando estuve de Erasmus en Turín. Ese año viajé como nunca, aprovechando las buenas comunicaciones y que tenía amigos en otras ciudades, visité con mi novia de aquella época muchas de las principales ciudades italianas, hicimos un recorrido por la Toscana, varias escapadas a los Alpes, una semana en Amsterdam, un fin de semana en la Costa Azul y unos días en Cerdeña.

¡Vaya, pensándolo no estuvo nada mal! Al contrario, de hecho el recuerdo que tengo de ese año es que fue de los mejores de mi vida. La primera vez que vivía en el extranjero, conocer a nuevos compañeros (algunos siguen siendo amigos) y no tener que estudiar demasiado hicieron que me lo pasase genial.

Recuerdo de los viajes que siempre era el que “guiaba” un poco al grupo, excepto cuando íbamos a visitar a algún amigo que estaba en otra ciudad, donde (a regañadientes) dejaba que él o ella “tomasen el control”, pero en el resto yo mandaba. Solía leer muchas guías, blogs, revistas, ya dije que estudiar más bien poco, para que al llegar al sitio no se nos escapase nada e incluso pudiésemos conocer algo más que lo típico.

Lo peor fue en Amsterdam, fuimos en invierno y hacia mucho frío, cada poco tenía que quitarme los guantes, sacar el plano y mirar la calle donde teníamos que ir, como los nombres eran tan complicados cuando guardaba el mapa ya no me acordaba de cuál era. Éramos un grupo grande de compañeros de Erasmus y alquilamos una furgoneta para recorrer parte de Holanda y Bélgica, una de las chicas cogió una revista donde salían los campos de tulipanes y me preguntaba donde estaban, le dije que no sabía, pero que quizá no era la mejor época para verlos, ella insistía en ir a buscarlos, pienso que lo hacía en plan de cachondeo…

En fin eran viajes en los que veíamos muchas cosas, no “entendíamos” la mayoría, lo pasábamos bien y acabamos agotados. No quiero decir que el Coliseo de Roma, la Catedral Santa María del Fiore, los canales de Venecia o las calles del Trastevere no tengan su punto de por sí, pero lo que sí es cierto que los hubiese disfrutado mucho más si hubiese conocido mejor sus porqués. Lo del cansancio no era problema, de hecho muchas veces salíamos de fiesta para rematar el día, éramos jóvenes.

Pero poco a poco van surgiendo los cambios en mi forma de viajar. Por mi trabajo tenía menos tiempo, también necesitaba descansar, quería conocer mejor la cultura del lugar, ver las cosas de una manera más auténtica y a sentirme (en la medida de lo posible) como un local.

Para ello tomé varias decisiones. A las revistas, blogs y guías, añadí la lectura de un libro sobre el lugar, hice los viajes más largos, visitaba sólo lo que realmente me apetecía, me dejaba llevar más y sólo viajaba donde tenía un amigo viviendo, para que me enseñase la ciudad desde su punto de vista, en caso de que no tuviese amigos como por ejemplo en Gambia, contratamos un guía local que nos habían recomendado.

El resultado fueron viajes más enriquecedores y reparadores.

Ahora recorro las comarcas de España y alrededores, tratando de conocer la cultura local de una manera responsable y consciente.

Todos los viajes son un aprendizaje, sé que sin los del Erasmus no sería posible los que ahora hago y espero seguir mejorando con los años.

Y tú ¿cómo viajas?

¿Qué dicen mis paisanos?


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