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Mis clientes, más que una relación contractual

Como ya comentaba en uno de los primeros post, me gusta conocer personalmente a las personas con las que trabajo y para las que trabajo.

Puede que sea un poco antiguo en esto. Por todos lados veo personas que tienen sus equipos de trabajo distribuidos internacionalmente y que tienen con sus clientes una relación exclusivamente online.

Para mi es fundamental ese encuentro personal, y esto me ayuda a poder desarrollar las relaciones entre el alojamiento y los diferentes grupos de interés (viajeros, empresas, periodistas, bloggers…)

Conociéndoles personalmente descubro mejor a quien puede resultarle más interesante hotel o que blogger tiene un estilo que se adapta mejor a lo que expresa el hotel.

Es una relación que va más allá de lo meramente comercial o contractual. Nos conocemos y compartimos nuestras experiencias, ellos me invitan a conocer “su casa” y creo justo que conozcan por tanto algo de mí, de donde soy, donde vivo, tengo pareja, donde he trabajado y muchas cosas más van surgiendo de forma natural en nuestras conversaciones que comienzan normalmente con algo de desconfianza; es normal, ¿Quién es este chico? ¿Qué va a hacer exactamente? ¿Por qué debería invitarle a mi hotel? Y es más, ¿Por qué debería pagarle por ello? Estas dudas van resolviéndose poco a poco y la conversación comienza a ser más fluida, personal y enriquecedora.

Es aquí cuando consigo saber qué es lo que les gusta, lo que les preocupa, lo que les divierte, será mi trabajo posterior ayudarles a transmitirlo y disminuir sus preocupaciones, pero en ese momento simplemente conversamos.

Precisamente hace unos días vi en una entrevista en la que el Dr. José Luis Cordeiro decía, que en unos 20 años podremos comunicarnos con otras personas sin necesidad de hablar, transmitiendo la información rápidamente y sin distorsión, como ya hacen las maquinas. No sé mucho más acerca del tema pero pienso que será difícil mantener una relación genuina de afecto con estos medios, puede que me equivoque, pero creo que nunca podrá sustituir una sonrisa, una caricia, darse la mano…

De igual manera que los Slow Hotels son algo más que lugares en los que quedarse a dormir y pasar unos días, sé que mi función es algo más que llevarles clientes y cobrarles por ello.

Tengo que darles las gracias por esos momentos compartidos con cada uno de ellos, a los que estoy seguro que se sumaran muchos más . Aquí os dejo algunos de los más especiales:

-La cena junto a la chimenea en Camellas-Lloret con Annie y Colin, o cuando quedamos en el hotel Casa Bonay en Barcelona.
- Subir a Prat del Cadi con Marc de Cal Calsot
- Recorrer con Alfonso su Finca La Ramallosa
- La cena de dobles parejas con Adelaida y Sergio de Las Moradas del Temple
- Las conversaciones con Tomas disfrutando de las vistas desde 3 Cabos
- La cena con Patricia en La Almunia del Valle
- El té con Stéphanie en el salón con chimenea de Ses Sucreres
- El desayuno con Oscar y Cristina en su Finca La Fronda
- Compartir unas bandejas de sushi con Chris en el mercado de Vejer
- Una caña en el casco viejo de Ezcaray con Javier de Pura Vida.
- El paseo en kayak por el embalse de Mediano con los hijos de Josep y Jota de La Demba (en La Demba hay muchos momentos)
- La comida en el puerto de Mahón con el equipo de Jardí de Ses Bruixes


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